jueves, 2 de febrero de 2023

Viejos y nuevos dilemas del federalismo argentino

 

Igual que la mayoría de los países latinoamericanos, Argentina tardó en terminar de constituirse en un Estado centralizado después de independizarse de la metrópoli. Esta “larga espera” —tal como la bautizó un historiador argentino— de aproximadamente medio siglo transcurrió en medio de enfrentamientos internos en los cuales, además de los obvios choques de intereses facciosos, se debía resolver la disputa en torno a la forma que tendría el Estado naciente. Mientras que en otras regiones de nuestra América Latina las guerras civiles enfrentaron a conservadores y liberales, en estas tierras el choque se dio entre federales y unitarios. El triunfo de los primeros terminó de dejar en claro cuáles serían los principios rectores del futuro Estado: el republicanismo, el federalismo y, aunque desagradara a muchos, la inevitable presencia plebeya de las masas.

Que estos tres principios quedaran definidos no significó, por supuesto, que el camino hacia una república federal y democrática estuviera allanado. Entre tantos otros conflictos, los dilemas en torno del federalismo fueron, y todavía son, algunas de las causas del complicado derrotero de la historia de nuestro país.

En la batalla de Pavón de 1861, el triunfo de Mitre y las huestes porteñas parecieron poner el mojón para la centralización definitiva del Estado nacional pero también erosionaron la posición de un federalismo que no había sido capaz de superar sus propias diferencias internas ni de doblegar a Buenos Aires. Sin embargo, lo que parecía un triunfo definitivo de la ciudad puerto por sobre el interior encontró los límites que surgieron esta vez desde la propia oligarquía. Tibiamente primero, bajo la presidencia de Sarmiento, y con más fuerza después con el liderazgo de Avellaneda y la constitución del Partido Autonomista Nacional, las elites provinciales fueron marcándole la cancha a la que todavía era la capital de la provincia. El triunfo militar de Roca en 1880 contra Buenos Aires terminó de fundar las bases de la república federal oligárquica. ¿De qué forma considerar un federalismo fruto del enfrentamiento de elites que muy poca consideración tenían por las voluntades populares? ¿Cómo ponderar un nacimiento sostenido por las mismas fuerzas que habían masacrado poblaciones originarias y serían las responsables de mantener el orden político oligárquico? Considerar aquellos vicios de origen nos permite preguntarnos por cuestiones que siguen vivas hasta el presente ¿El federalismo es popular o es oligárquico?¿Es democrático o contramayoritario? Es cierto que ese federalismo que originalmente nació y venció a través de las lanzas de las montoneras también fue utilizado con posterioridad para intentar cerrar el paso a las expresiones populares. Es verdad que el Senado, la más federal de las cámaras, también fue muchas veces la más conservadora y contramayoritaria. No es casual que el primero de los gobiernos populares posteriores a la constitución del Estado nacional, el de Hipólito Yrigoyen, haya buscado en la recurrente utilización de la intervención federal una forma de mantener a raya a los poderes provinciales y fortalecer de esa forma el poder que democráticamente obtuvo en 1916.

¿Cuál es la relación actual del federalismo con el movimiento nacional? El peronismo, a pesar de su estrecha relación con el Gran Buenos Aires, nació como un movimiento profundamente federal en su concepción. Pensemos simplemente en su empeño en la creación de provincias que hasta mediados del siglo XX habían sido simplemente “territorios nacionales”. Sin embargo, nos enfrentamos a cierto sentido común —no totalmente desconectado de la realidad— que lo fue ubicando como una fuerza encajonada cada vez más en los límites del populoso conurbano bonaerense. Las disputas de 2008 por la 125 terminaron de profundizar y  consolidar esta idea. Y si hablamos de paradojas del federalismo, no podemos dejar de mencionar que en aquella oportunidad la ciudad de Buenos Aires se mostró al frente de esa movida pretendidamente federal. Aunque la ciudad de Buenos Aires no siempre fue antiperonista y en los primeros años del peronismo formó parte del sólido apoyo electoral hacia el general Perón que provenía de lo que hoy llamaríamos el AMBA. Lo cierto es que después del golpe del 55 y la proscripción, la ciudad se tornó en lo que es hoy: un bastión del antiperonismo. Hoy por hoy no hay voto más ideológico que el de CABA en Argentina. Alcanza con presentar credenciales de gorilismo rancio y demostrarse capaz de construir desde ese lugar privilegiado una alternativa efectiva al peronismo para que el electorado porteño brinde sin dudar su apoyo en las urnas. No importa si la ciudad más rica de América Latina desatiende la salud y la educación públicas ni que derrumbe su patrimonio edilicio para posibilitar los negocios inmobiliarios de durlock, no importa que cambie una y mil veces baldosas en perfecto estado para mantener los negocios de algunos pocos vivos. Mientras se mantenga como trinchera contra el peronismo, todo vale.

¿Es posible salir de este laberinto por arriba? Sería bueno encontrar en la actual disputa contra la ciudad de Buenos Aires por la coparticipación, la oportunidad de refundar un movimiento de alcance verdaderamente nacional que termine definitivamente de amalgamar aquel proyecto popular, democrático y federal. Es cierto que el peronismo nunca dejó de ganar elecciones en las provincias, pero como bien viene demostrando el radicalismo, eso no necesariamente alcanza para plantar un proyecto nacional. La tarea no es simple, pero emprenderla le vendría bien a un peronismo cuya relación con lo popular y lo electoral se presenta problemática como pocas veces.

Escrito para Avion Negro 9/1/2023

https://avionnegro.com.ar/contextos/viejos-y-nuevos-dilemas-del-federalismo-argentino/ 

martes, 31 de octubre de 2017

Ampliar los límites de lo posible

Néstor Kirchner asumió en medio de una de las peores crisis que vivió nuestro país, con escasos votos y con el desafío autoimpuesto de darle a su presidencia una impronta propia
Algunos de los logros de su presidencia son, aun hoy, hitos inolvidables del período kirchnerista. Es imposible no mencionar aquellos que iniciaron el desandar de la impunidad de los crímenes del terrorismo de Estado, como los cuadros descolgados y la nulidad de los indultos y las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, que permitieron volver a caminar el sendero de la Verdad, la Memoria y la Justicia. También los relacionados con la integración con la América Latina que comenzaba a vivir su renacer populista y el histórico NO al ALCA, así como el desendeudamiento y la consiguiente liberación de las ortodoxas tutelas del FMI.
Otros logros, como el de la obsesiva libretita y los superavits gemelos, aunque menos épicos fueron fundamentales para construir ese país normal qué solía mencionar, en el que descendieron contundentemente los números de la pobreza, la indigencia y el desempleo.
Para mi generación, la que terminó la escuela primaria en plena transición democrática a principios de los años ochenta, significó además una experiencia novedosa. Crecimos acostumbrados a que las voces oficiales sólo comunicaran malas nuevas. Salvo en aquel efímero momento de la primavera alfonsinista, escuchamos siempre a presidentes que se despacharon con deprimentes anuncios de economía de guerra, privatizaciones, olvidos, megacanjes y recortes –por no mencionar las aterradoras Cadenas Nacionales que la dictadura propalaba en nuestra infancia-.
Con Néstor Kirchner fue diferente. En él encontramos un líder que volvía a operar sobre la realidad, sin ser arrastrado como una hoja al viento por las aparentemente ineludibles reglas de la economía de mercado y del mundo nuevo nacido al calor de la globalización y la caída del muro. Néstor ampliaba los límites de lo posible, y eso no era poco para quienes habíamos crecido en un escenario de realpolitik y decepción. Para aquellos que además somos peronistas, significaba asistir a un proceso de inclusión, solidaridad y keynesianismo, que sólo habíamos conocido por libros o cuentos de Unidad Básica. Todo esto protagonizado, además, por una amplia alianza social que aunaba a la clase obrera con las nuevas organizaciones sociales, y a lo más rancio de la tradición justicialista con sectores del progresismo vernáculo, en vibrante clave movimientista que, por si fuera poco, parecía replicarse a lo largo de la Patria Grande.
Hoy recordamos un nuevo aniversario de la partida de Néstor Carlos Kirchner, en tiempos de retrocesos, de egoísmos y odios, en los que aquel “Nunca Menos” del poeta aparezca tal vez como demasiado optimista. Sin embargo, mantenemos algo invaluable: la experiencia y el legado de su liderazgo transformador y la esperanza de que su inspiración nos permita volver a estar a la altura.

 Para Diagonales.com
http://www.diagonales.com/contenido/ampliar-los-lmites-de-lo-posible/6400

miércoles, 26 de febrero de 2014

Diagnóstico

-Que hacés nene, ¿como la ves?
-Y está difícil, ¿no?
-Esto es por no profundizar...por no ir al hueso. Era tiempo de ponerse los pantalones largos y enfrentar al capital concentrado...
-Y bueno...
- Sacarse de encima a los burócratas y a los barones. Yo justo el otro día le decía al Vasco...
-Uyyy, el Vasco, ese gordo chanta... te acordás cuando estaba en la lista con ustedes?
-Si...todavía está.
-¿Cómo que está?...me cansé de escucharte decir que no era confiable, que era un sorete reaccionario...
-...lo sigue siendo.
-...que dudabas si no se estaba quedando con guita... que había que echarlo a la mierda...
-Si...habría que echarlo a la mierda...
-¿¿Y??
-... es que nunca nos dio la correlación de fuerzas.

jueves, 4 de julio de 2013

Misión Histórica



Soy parte de una nueva raza de conductores argentinos de automóviles. Luchamos para que se respete la prioridad de paso de los peatones.

Para que nuestra lucha sea efectiva necesitamos la colaboración de quienes cruzan la calle. No necesariamente de todos, pero al menos una vanguardia comprometida.

Es preciso que lleguen a la esquina y crucen sin dudar. Basta de miradas nerviosas para ver si el coche frena o no frena. Basta de temor ante el bólido que se acerca y no parece tener intención de detenerse. Coraje, voluntad y ¡a cruzar la calle!.

No les mentiré, no será fácil, algunos morirán…pero habrán colaborado con la misión histórica de liberar al peatonado argentino.

viernes, 28 de octubre de 2011

Ponencias

Ricardo acababa de finalizar sus estudios de historia, y se proponía comenzar una promisoria carrera en investigación. Su objeto de estudio era la política conservadora de las primeras décadas del siglo XX. Se decidió a presentar su primer trabajo en el marco del “Congreso de historia de los pueblos”.
En aquel texto caracterizaba la trayectoria de un caudillo conservador de Benito Juarez y llevaba como título “Caracterización de la trayectoria de un caudillo conservador de Benito Juarez”.
Ricardo estaba muy orgulloso de su trabajo, y esperaba que en esta primera presentación todos pudieran divisar lo particular de su talento.
La presentación no estuvo del todo mal, concurrencia algo escasa, Ricardo se expresó correctamente, hubo tibios aplausos y los comentarios fueron buenos.
Cualquier novato hubiera terminado conforme con ese debut, pero Ricardo sentía que su performance hubiera merecido otro marco y otra respuesta.
Al consultar al profesor que le había comentado el trabajo este le dijo: “Tu ponencia está muy bien, pero le falta punch”. A Ricardo le llamó la atención que el veterano historiador utilizara el vocablo punch, pero siguió escuchándolo atentamente. “Un título más sugerente hubiera atraído más público y con mejor predisposición”, finalizó diciendo el catedrático.
Ricardo, no muy convencido, decidió hacerle caso y volvió a presentar el mismo trabajo un mes después y con mínimas correcciones bajo el título de “Un guapo del 900 en Benito Juarez”
Ante su sorpresa, la concurrencia fue mas nutrida y los comentarios más compinches y jocosos, terminó cenando con su comentarista y varios de los concurrentes a quienes no conocía de antes.
Para su siguiente presentación en un congreso decidió trabajar sobre una semblanza de un famoso gobernador conservador de la Provincia de Buenos Aires, con una ponencia a la que tituló “Pintando un Fresco”.
De nuevo la táctica resultó exitosa, mucha gente, excelentes comentarios y guiños de la audiencia.
Ese modesto éxito se le subió a la cabeza a Ricardo que comenzó a consolidar en su cerebro una especie de fetichismo de los títulos.
A partir de ese momento nada sería más importante que conseguir un título llamativo, a tal punto que él, que siempre se había ocupado de los procesos de principios de siglo XX, se dedicó a realizar un trabajo sobre la Masacre de Ezeiza, con el único fin de poder titularlo “Esta es la batalla del Movimiento”.

Y fue más allá:
Escribió una ponencia sobre el nacimiento de una conocida fábrica de suelas y zapatos que llevó como nombre “Febo asoma”.
Y fue más allá, investigó sobre los atentados sunitas en Irán para escribir un texto al que tituló “Cuidado con la bomba… chiíta”

Su producción era prolífica, pero poco sólida, las ponencias apenas llegaban al estándar mínimo para ser aceptadas, y además su repercusión ya no era la de antes. La gente comentaba lo ocurrente de sus encabezados, pero su reputación ya no iba más allá de eso.
En un último intento desesperado, Ricardo se introdujo en la medicina deportiva, y escribió un ensayo sobre el impacto de la anorexia en el equipo estadounidense de cama elástica que bautizó “Flacas gimnastas de América”.
No hubo caso, la carrera de Ricardo se desplomó, mientras el pasaba el día obsesionado en buscar títulos que jamás llegaban a convertirse en trabajos.
Sumido en una profunda depresión decidió terminar con su vida un viernes a las tres de la mañana, con la esperanza de que alguien utilizara el título del tema de Charly en su obituario… pero nadie lo notó.

lunes, 17 de octubre de 2011

La lealtad plebeya

El peronismo siempre fue complicado de comprender, para propios, pero sobre todo para extraños.
A menudo, la forma que encontraron los extraños para procesarlo fue la negación y la estigmatización.
Desde aquel título del diario Crítica del 17 de octubre que hablaba de “grupos aislados que no representan al auténtico proletariado argentino” la estrategia fue ningunerar y/o estereotipar.
Así es como, desde aquel momento hasta nuestros días, la madera del parquet inevitablemente termina alimentando el fuego del asado, las movilizaciones son motorizadas por el choripán y el arreo de indigentes, los millones de votos son producto del clientelismo y la ignorancia, y los trabajadores se dejan representar por mafiosos que reíte de Don Corleone.
Pareciera que en lugar de estar refiriéndose a uno de los movimientos políticos más importantes y duraderos de occidente, estuvieran contando la trama de una leyenda urbana.
Lo mismo pasa con la lealtad peronista. La presentan como un disvalor casi medieval, como si fuera la relación feudal entre el siervo de la gleba y el señor, jerárquica y unidireccional, donde uno manda y el otro obedece. Anacrónica, indigna e irracional.
Se equivocan. La lealtad peronista es una lealtad plebeya. Es una lealtad fuerte, pero no es incondicional. Está basada, como el viejo imperio Inca, en la reciprocidad y en la redistribución. Reciprocidad y redistribución pero no sólo de objetos materiales y cargos, como repite el sentido común de medio pelo, también de ideas, ideales, reconocimientos, responsabilidades, ejemplos y valores.
Es sobre todas las cosas una lealtad exigente, a menudo hinchapelotas para el que está arriba, porque sabe que debe cumplir para merecerla y que si la descuida, hasta el último orejón del tarro le puede organizar una agrupación aparte, presentar una candidatura molesta o simplemente irse a la mierda.
Ojo, mi intención no es idealizarla. Es una lealtad “humana” que sabe de flaquezas y dudas, de desorientaciones y lagunas. Es uno de esos atributos difíciles de aprehender para cabezas simplificadoras, racionalizadoras y esquemáticas pero que en sus mejores momentos es capaz de construir poder popular, como pocas experiencias conocidas. Compañeros: a disfrutarla, a cuidarla y a honrarla. Feliz día de la Lealtad. 

sábado, 1 de octubre de 2011

Aforismo

Después de mucho tiempo de andar perdidos y a pata, logramos
construir una motoneta. Modesta y con defectos, pero que por fin parece llevarnos hacia un lugar mejor.

Dice el neoliberal: “Es cara y anticuada”

Dice el conservador: “Es peligrosa y no permite que tengamos
los pies sobre la tierra”

Dice el trotskista: “No existe en comparación de mis planes
de teletransportación”