miércoles, 26 de febrero de 2014

Diagnóstico

-Que hacés nene, ¿como la ves?
-Y está difícil, ¿no?
-Esto es por no profundizar...por no ir al hueso. Era tiempo de ponerse los pantalones largos y enfrentar al capital concentrado...
-Y bueno...
- Sacarse de encima a los burócratas y a los barones. Yo justo el otro día le decía al Vasco...
-Uyyy, el Vasco, ese gordo chanta... te acordás cuando estaba en la lista con ustedes?
-Si...todavía está.
-¿Cómo que está?...me cansé de escucharte decir que no era confiable, que era un sorete reaccionario...
-...lo sigue siendo.
-...que dudabas si no se estaba quedando con guita... que había que echarlo a la mierda...
-Si...habría que echarlo a la mierda...
-¿¿Y??
-... es que nunca nos dio la correlación de fuerzas.

viernes, 15 de noviembre de 2013

La clínica del doctor Cureta


Uno puede hacer lo que quiera con Nelson Castro excepto no “doctorearlo”. El protocolo de los multimedios es claro en ese sentido. Castro es el nuevo doctor de la República, luego de que la edad, el cable y la salud relegaran a Mariano Grondona a un segundo plano.
Este doctor tiene una clínica que no por virtual deja de ser efectiva, al menos en cuanto al universo de pacientes que se propone atender.
¿Qué tipo de pacientes?... adictos. Si, señor... adictos al “sentido común de la Argentina gorila”. Adictos melancólicos de cierto pasado indefinido de una república blanca, ordenada, jerárquica y prolija, donde los presidentes tenían nombres de calles y nuestros abuelos bajaban de los barcos para ser invitados dignos del banquete de la oligarquía agrícola-ganadera. Donde el trababajador trabajaba y el explotador explotaba, sin que nadie hiciera tanto escándalo por ello.
Adictos que son admiradores de otras repúblicas blancas, ordenadas, jerárquicas y prolijas que quedan allende los mares o en el norte de nuestra América.
Además de su adicción, los pacientes del Doctor, sufren de una fobia... la fobia a lo plebeyo. Los desespera que todo pueda estar patas para arriba, que cualquiera pueda llegar a cualquier lado y que las jóvenes manos oscuras de mugre e historia puedan blandir una computadora portátil mientras cartonean a la par de sus padres.
Los pacientes del doctor necesitan alguien que los aggiorne, porque las viejas vacunas ya no sirven, o no son políticamente correctas. Ya no se puede decir abiertamente que estos negros no quieren trabajar, que les regalan todo, que levantan el parket para asar carnes, o que Perón, Mussolini y la mar en coche.
 A la vez se les complica cada vez más encontrar interlocutores que recuerden lo del pan negro, el luto obligatorio y el Evita me ama.
Ahí es donde entra el doctor, hace uso de su título, y le encuentra una vuelta de tuerca a las viejas cantinelas de la Argentina gorila. Y el doctor habla sesudamente: de República y de las formas, y de las instituciones y de los países serios, y de la gente, y clama contra la crispación, la corrupción y la falta de méritos.
Así los convence de que aquí pasan cosas que jamás pasan en el mundo civilizado y les recuerda que junto con el último escándalo que puso en tapa Clarín, también están el de “a , b ,c”... y que además de fulanito también están acusados “x,y, z”. “A,b,c” y “x,y,z”, porque ni siquiera se toma el trabajo de enumerar. Da por sentado que sabemos que los casos son innumerables e infinitos (y de paso se evita la gaffe de mencionar alguno de los que fueron desmentidos por las evidencias y quedaron probados como farsas mediáticas)
Dije “los convence” y dije mal. Ya están convencidos. Lo que necesitan es un puntero que le ponga palabras a sus odios. Y ahí van en larga fila mediática clientelar, a recibir la epifanía del momento. No dudan, porque la prescripción está firmada por el doctor...pero sobre todo porque no quieren dudar.
Uno puede encontrar de todo en la botica del Dr. Nelson, salvo, precisamente lo que dice ofrecer: análisis profundos, honestos y sólidos...pero ya sabemos lo engañosa que suele ser la publicidad de las prepagas.

jueves, 4 de julio de 2013

Misión Histórica



Soy parte de una nueva raza de conductores argentinos de automóviles. Luchamos para que se respete la prioridad de paso de los peatones.

Para que nuestra lucha sea efectiva necesitamos la colaboración de quienes cruzan la calle. No necesariamente de todos, pero al menos una vanguardia comprometida.

Es preciso que lleguen a la esquina y crucen sin dudar. Basta de miradas nerviosas para ver si el coche frena o no frena. Basta de temor ante el bólido que se acerca y no parece tener intención de detenerse. Coraje, voluntad y ¡a cruzar la calle!.

No les mentiré, no será fácil, algunos morirán…pero habrán colaborado con la misión histórica de liberar al peatonado argentino.

viernes, 28 de octubre de 2011

Ponencias

Ricardo acababa de finalizar sus estudios de historia, y se proponía comenzar una promisoria carrera en investigación. Su objeto de estudio era la política conservadora de las primeras décadas del siglo XX. Se decidió a presentar su primer trabajo en el marco del “Congreso de historia de los pueblos”.
En aquel texto caracterizaba la trayectoria de un caudillo conservador de Benito Juarez y llevaba como título “Caracterización de la trayectoria de un caudillo conservador de Benito Juarez”.
Ricardo estaba muy orgulloso de su trabajo, y esperaba que en esta primera presentación todos pudieran divisar lo particular de su talento.
La presentación no estuvo del todo mal, concurrencia algo escasa, Ricardo se expresó correctamente, hubo tibios aplausos y los comentarios fueron buenos.
Cualquier novato hubiera terminado conforme con ese debut, pero Ricardo sentía que su performance hubiera merecido otro marco y otra respuesta.
Al consultar al profesor que le había comentado el trabajo este le dijo: “Tu ponencia está muy bien, pero le falta punch”. A Ricardo le llamó la atención que el veterano historiador utilizara el vocablo punch, pero siguió escuchándolo atentamente. “Un título más sugerente hubiera atraído más público y con mejor predisposición”, finalizó diciendo el catedrático.
Ricardo, no muy convencido, decidió hacerle caso y volvió a presentar el mismo trabajo un mes después y con mínimas correcciones bajo el título de “Un guapo del 900 en Benito Juarez”
Ante su sorpresa, la concurrencia fue mas nutrida y los comentarios más compinches y jocosos, terminó cenando con su comentarista y varios de los concurrentes a quienes no conocía de antes.
Para su siguiente presentación en un congreso decidió trabajar sobre una semblanza de un famoso gobernador conservador de la Provincia de Buenos Aires, con una ponencia a la que tituló “Pintando un Fresco”.
De nuevo la táctica resultó exitosa, mucha gente, excelentes comentarios y guiños de la audiencia.
Ese modesto éxito se le subió a la cabeza a Ricardo que comenzó a consolidar en su cerebro una especie de fetichismo de los títulos.
A partir de ese momento nada sería más importante que conseguir un título llamativo, a tal punto que él, que siempre se había ocupado de los procesos de principios de siglo XX, se dedicó a realizar un trabajo sobre la Masacre de Ezeiza, con el único fin de poder titularlo “Esta es la batalla del Movimiento”.

Y fue más allá:
Escribió una ponencia sobre el nacimiento de una conocida fábrica de suelas y zapatos que llevó como nombre “Febo asoma”.
Y fue más allá, investigó sobre los atentados sunitas en Irán para escribir un texto al que tituló “Cuidado con la bomba… chiíta”

Su producción era prolífica, pero poco sólida, las ponencias apenas llegaban al estándar mínimo para ser aceptadas, y además su repercusión ya no era la de antes. La gente comentaba lo ocurrente de sus encabezados, pero su reputación ya no iba más allá de eso.
En un último intento desesperado, Ricardo se introdujo en la medicina deportiva, y escribió un ensayo sobre el impacto de la anorexia en el equipo estadounidense de cama elástica que bautizó “Flacas gimnastas de América”.
No hubo caso, la carrera de Ricardo se desplomó, mientras el pasaba el día obsesionado en buscar títulos que jamás llegaban a convertirse en trabajos.
Sumido en una profunda depresión decidió terminar con su vida un viernes a las tres de la mañana, con la esperanza de que alguien utilizara el título del tema de Charly en su obituario… pero nadie lo notó.

lunes, 17 de octubre de 2011

La lealtad plebeya

El peronismo siempre fue complicado de comprender, para propios, pero sobre todo para extraños.
A menudo, la forma que encontraron los extraños para procesarlo fue la negación y la estigmatización.
Desde aquel título del diario Crítica del 17 de octubre que hablaba de “grupos aislados que no representan al auténtico proletariado argentino” la estrategia fue ningunerar y/o estereotipar.
Así es como, desde aquel momento hasta nuestros días, la madera del parquet inevitablemente termina alimentando el fuego del asado, las movilizaciones son motorizadas por el choripán y el arreo de indigentes, los millones de votos son producto del clientelismo y la ignorancia, y los trabajadores se dejan representar por mafiosos que reíte de Don Corleone.
Pareciera que en lugar de estar refiriéndose a uno de los movimientos políticos más importantes y duraderos de occidente, estuvieran contando la trama de una leyenda urbana.
Lo mismo pasa con la lealtad peronista. La presentan como un disvalor casi medieval, como si fuera la relación feudal entre el siervo de la gleba y el señor, jerárquica y unidireccional, donde uno manda y el otro obedece. Anacrónica, indigna e irracional.
Se equivocan. La lealtad peronista es una lealtad plebeya. Es una lealtad fuerte, pero no es incondicional. Está basada, como el viejo imperio Inca, en la reciprocidad y en la redistribución. Reciprocidad y redistribución pero no sólo de objetos materiales y cargos, como repite el sentido común de medio pelo, también de ideas, ideales, reconocimientos, responsabilidades, ejemplos y valores.
Es sobre todas las cosas una lealtad exigente, a menudo hinchapelotas para el que está arriba, porque sabe que debe cumplir para merecerla y que si la descuida, hasta el último orejón del tarro le puede organizar una agrupación aparte, presentar una candidatura molesta o simplemente irse a la mierda.
Ojo, mi intención no es idealizarla. Es una lealtad “humana” que sabe de flaquezas y dudas, de desorientaciones y lagunas. Es uno de esos atributos difíciles de aprehender para cabezas simplificadoras, racionalizadoras y esquemáticas pero que en sus mejores momentos es capaz de construir poder popular, como pocas experiencias conocidas. Compañeros: a disfrutarla, a cuidarla y a honrarla. Feliz día de la Lealtad. 

sábado, 1 de octubre de 2011

Aforismo

Después de mucho tiempo de andar perdidos y a pata, logramos
construir una motoneta. Modesta y con defectos, pero que por fin parece llevarnos hacia un lugar mejor.

Dice el neoliberal: “Es cara y anticuada”

Dice el conservador: “Es peligrosa y no permite que tengamos
los pies sobre la tierra”

Dice el trotskista: “No existe en comparación de mis planes
de teletransportación”

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Mundo de amigos

Alberto, Mario y Juan, son amigos desde hace tiempo. Sus tópicos de discusión siempre han girado en torno a temas muy importantes.

El lunes, Mario pidió un americano cortado, Alberto y Juan un capucchino cada uno.

-Con la revolución cultural- dijo Juan – Mao admitió que los cambios en la estructura económica, no se reflejan mecánicamente en la superestructura.
-No importa que el gato sea blanco o negro- agregó Mario- Si no que cace ratones-
-Los chinos de la vuelta siempre tienen el yogurt cortado- completó Alberto.

El martes, Juan pidió una lágrima. Alberto un té con leche y Mario un café chico.

-El problema de occidente es que siempre vio el conflicto de Medio Oriente a la luz de la guerra fría- comentó Alberto
-Quienes creyeron en la utopía israelí, se chocaron en la realidad con un estado nación, como cualquier otro- señaló Juan
-Pensar en una Palestina Laica- terció Mario- es como soñar una Disneylandia triple X-

El miércoles Mario pidió un submarino, Juan un mate cocido y Alberto un americano solo.

Juan se despachó – el cuello de botella del capitalismo es, fue y será la dificultad de vender lo que produce-
A lo que Mario agregó – todas las crisis desde fines del siglo XIX son ejemplo de eso, he ahí la razón que lo obliga a crear necesidades artificiales-
-¿Les mostré mi magiclick con linterna?- preguntó Alberto

El jueves los tres aprovecharon la promoción del café con leche con medialunas

Mario afirmó –El imperio, en su miopía, mete en la misma bolsa al “terrorismo internacional” con los movimientos nacionales de liberación.- 
Alberto dijo – El nacionalismo árabe, solamente nos entusiasmó a los tercermundistas-
-En el barrio- interrumpió Juan- hay uno al que le dicen Bin Laden, porque se volteó a las Gemelas Torres-

El viernes, al unísono y como por arte de magia, descubrieron que los problemas del mundo estaban fuera de su alcance, que por un día el mundo sobreviviría sin ellos y tal vez ellos también sin él. Pidieron una cerveza, y se pasaron la tarde hablando de las tetas de la moza y el gol en off side de Piersimone.